Preguntas frecuentes

Extracto de “Introducción a los Derechos de los Animales: ¿su hijo o el perro?”

Quiero responder a una serie de preguntas sobre los derechos animales que han surgido a lo largo de los años. Estas preguntas se han planteado en varias ocasiones, tanto en Estados Unidos como en el extranjero, en los países occidentales y en las naciones no occidentales, y provienen de profesores y estudiantes de derecho, medicina o veterinaria, colegiales, miembros del público en general que llaman a un programa de radio, periodistas o vecinos en una fiesta. Analizar estas preguntas me ayudará a demostrar cómo se aplica la teoría de los derechos animales que he presentado en este libro, en contextos concretos.

Pregunta 1: Los animales domesticados, como vacas o cerdos y ratas de laboratorio no existirían si no fuera porque los creamos para nuestros propósitos. ¿Cómo es que no tenemos la libertad de tratarlos como simples recursos?

Respuesta: El hecho de que somos de alguna manera responsables de la existencia de un ser vivo no nos da el derecho a considerar este ser como un recurso que nos pertenece. Si fuese así, podríamos tratar a nuestros hijos como recursos, ya que no existirían si no fuera por nuestras acciones – ya sea la decisión de concebir un hijo o la de no abortar. Y aunque se nos concede un cierto margen en cuanto a la forma en que tratamos a nuestros hijos, hay límites: no podemos tratarlos como tratamos a los animales. No podemos esclavizarlos, prostituirlos ni vender sus órganos. No podemos matarlos. En efecto, una norma cultural muy extendida es la idea de que traer al mundo a un hijo establece obligaciones morales por parte de los padres, que deben cuidar de sus hijos y no explotarlos.

Cabe señalar que una de las supuestas justificaciones de la esclavitud humana en los Estados Unidos fue que muchos de los que fueron esclavizados no habrían existido si no hubiera sido por la institución de la esclavitud. Los primeros esclavos que fueron traídos a los Estados Unidos se vieron obligados a procrear y sus niños eran considerados como una propiedad. Aunque este argumento parece ridículo ahora, demuestra que no podemos asumir la legitimidad de la institución de la propiedad – ya sea de los seres humanos o los animales – y luego preguntar si es aceptable tratar la propiedad como propiedad. La respuesta va a estar predeterminada. Más bien, lo primero que debemos preguntarnos es si la institución de la propiedad animal (o humana) está moralmente justificada.

Pregunta 2: Los derechos fueron ideados por los seres humanos. ¿Cómo pueden ser aplicables a los animales?

Respuesta: Al igual que el estatus moral de un ser humano o un animal no está determinado por el responsable de la existencia del humano o el animal, la aplicación de un concepto moral no está determinado por quien lo ideó. Si los beneficios morales se aplicaran sólo a los que idearon los conceptos morales, entonces la mayor parte de la humanidad seguiría fuera de la comunidad moral. El concepto que tenemos actualmente de los derechos fue concebido como una forma de proteger los intereses de los ricos terratenientes de raza blanca y sexo masculino; de hecho, la mayoría de los conceptos morales históricamente fueron ideados por los (hombres) privilegiados para beneficiar a otros varones privilegiados. Conforme pasó el tiempo, nos dimos cuenta de que el principio de igual consideración requiere que tratemos casos similares de forma similar, y posteriormente se ampliaron los derechos (y otros beneficios morales) a otros seres humanos. En particular, el principio de igual consideración requiere que consideremos moralmente inaceptable la propiedad de unos seres humanos por parte de otros seres humanos. Si vamos a aplicar el principio de igual consideración a los animales, tenemos que extender a los animales el derecho a no ser tratados como simples recursos.

Es irrelevante si los animales han concebido los derechos o incluso si pueden entender el concepto de los derechos. Los humanos no exigimos que otros seres humanos hayan ideado los derechos y que entiendan el concepto de los derechos para poder beneficiarse de éstos. Por ejemplo, un ser humano que sufra un grave retraso mental no tiene la capacidad de entender lo que es un derecho, pero eso no significa que no debamos concederle, al menos, la protección que ofrece el derecho fundamental a no ser tratado como un recurso de los demás.

Pregunta 3: ¿La institución de la propiedad animal viola el derecho fundamental según el cual los animales no deben considerarse como cosas?

Respuesta: Sí. Las mascotas son nuestra propiedad. Los perros, gatos, hámsters, conejos y otros animales son producidos en masa como tornillos en una fábrica o, en el caso de las aves y animales exóticos, son criaturas salvajes que son cazadas y transportadas durante largos trayectos, durante los cuales muchas de ellas mueren. Las mascotas son comercializadas exactamente de la misma manera que otras mercancías. Aunque algunos tratemos bien a nuestros animales de compañía, la mayoría los tratamos mal. En Estados Unidos, la mayoría de los perros pasan menos de dos años en una casa antes de ser abandonados en un refugio o pasados a un nuevo propietario. Más del 70 por ciento de las personas que adoptan a los animales acaban regalándolos, llevándolos a refugios o abandonándolos. Todos conocemos las historias de horror acerca de perros en nuestro barrio que viven toda su vida solos, atados a una cadena. Nuestras ciudades están llenas de gatos y perros callejeros que viven vidas miserables y pasan hambre y frío, y acaban sucumbiendo a la enfermedad o al tormento al que les someten los seres humanos. Algunas personas que dicen amar a sus animales de compañía les mutilan sin sentido, cortándoles las orejas o la cola, o arrancándoles las uñas para que no rayen los muebles.

Uno puede tratar a su animal de compañía como un miembro de su familia y otorgarle el valor inherente o el derecho fundamental a no ser tratado como un recurso. Pero el tratamiento del animal realmente significa que uno considera al animal como su propiedad animal, como si tuviese un valor de mercado elevado. Pero en el caso de que cambie de opinión y empiece a darle palizas diarias a su perro por razones de disciplina, o a no alimentar a su gato para que esté más motivado a atrapar a los ratones en el sótano de su tienda, o a matar a su animal porque ya no quiere correr con los gastos que conlleva, su decisión estará protegida por la ley. Uno es libre de valorar su propiedad como mejor le parezca. Puede decidir encerar su coche a menudo o dejar que se oxide. La elección es suya. Mientras que uno proporcione un mínimo de mantenimiento para garantizar que el coche pase la inspección técnica, cualquier otra decisión que tome con respecto al vehículo, incluyendo la decisión de vendérselo a un chatarrero, es asunto suyo. Mientras que uno proporcione un mínimo de comida, agua y refugio para su mascota, cualquier otra decisión que tome, aparte de torturar al animal sin propósito, es asunto suyo, incluida la decisión de deshacerse del animal en el refugio municipal (donde muchos animales mueren o son vendidos a laboratorios de investigación), o pedirle a un veterinario que le administre la eutanasia.

Hace muchos años, adopté un hámster de un compañero de la facultad de derecho. Una noche el hámster enfermó, y llamé a un servicio veterinario de urgencias. El veterinario dijo que el precio mínimo de una visita de emergencia era $50 y me preguntó porqué estaba dispuesto a pagar esa cantidad cuando podría conseguir un “nuevo” hámster en cualquier tienda de mascotas por alrededor de $3. Llevé al hámster al veterinario de todas formas, pero esa ocasión fue una de las primeras ocasiones en las que pensé en la condición de los animales como mercancía.

Vivo con siete compañeros caninos adoptados a los que amo con locura, y éste es un tema que me tomo en serio. Aunque considero que mis perros son miembros de la familia, siguen siendo mi propiedad y en cualquier momento podría decidir acabar con sus vidas. Por mucho que disfruto de los perros, si sólo quedasen dos perros en el mundo, no estaría a favor de que criasen para que pudiéramos tener más “mascotas” y así perpetuar su situación como mercancía. De hecho, cualquier persona que realmente se preocupe por los perros debería visitar una “fábrica de cachorros”, un lugar donde cientos o miles de perros nacen para ser tratados como meros productos. Las perras tienen camadas hasta que se “agotan” y después las matan o venden a laboratorios. Por supuesto que debemos seguir cuidando a todos los animales domésticos que ya están vivos, pero no debemos continuar trayendo al mundo a más animales simplemente para que podamos tenerlos como mascotas.

Pregunta 4: Si usted está a favor de la abolición del uso de animales como recursos para los humanos ¿no se preocupa más por los animales que por los seres humanos que sufren enfermedades que quizá podrían curarse mediante la investigación con animales?

Respuesta : No, claro que no. Esta pregunta es lógica y moralmente idéntica a la pregunta que se les hacía a los que abogaban por la abolición de la esclavitud humana, a los que se acusaba de no preocuparse por el bienestar de los sureños que se enfrentaban a la ruina económica en el caso de que la esclavitud fuese abolida, y de preocuparse más por los esclavos.

La cuestión no es quién nos importa más, o quién tiene mayor valor. La cuestión es si es moralmente justificable tratar a seres sintientes, ya sean humanos o no humanos, como productos, exclusivamente como medios para los fines de otros.

Por ejemplo, en general, no creemos que podamos utilizar a los humanos como sujetos involuntarios en experimentos biomédicos, a pesar de que se pueden conseguir datos mucho mejores sobre las enfermedades humanas si utilizamos seres humanos en lugar de animales en la experimentación. La aplicación en el contexto humano de los datos obtenidos a partir de experimentos con animales – suponiendo que estos datos sean relevantes – requiere una extrapolación complicada y siempre inexacta. Podríamos evitar estas dificultades mediante el uso de seres humanos, eliminando la necesidad de extrapolación. Pero no lo hacemos, porque, a pesar de que podemos estar en desacuerdo sobre muchas cuestiones morales, la mayoría de nosotros estamos de acuerdo en que el uso de seres humanos como sujetos involuntarios en la experimentación debe ser descartada en todo momento. Nadie sugiere que nos importan más los sujetos involuntarios de experimentación que los que se beneficiarían de ese uso.

Pregunta 5 : ¿No es el uso humano de los animales una “tradición”, algo “natural”, y por lo tanto moralmente justificable?

Respuesta: Todas las formas de discriminación en la historia de la humanidad se han defendido por ser “tradicionales”. El sexismo es rutinariamente justificado porque es tradicional que las mujeres estén subordinadas a los hombres: “el lugar de una mujer es la casa.” La esclavitud humana ha sido una tradición en muchas culturas en algún momento de la historia. El hecho de que un comportamiento pueda ser descrito como tradicional no tiene nada que ver con si la conducta es o no es moralmente aceptable.

Además de alegar que algo es una tradición, algunos caracterizan nuestro uso de los animales como algo “natural” para declarar que es moralmente aceptable. Una vez más, el hecho de que algo sea natural en sí mismo no dice nada acerca de la moralidad de la práctica. En primer lugar, casi todas las formas de discriminación que se han practicado a lo largo de la historia ha sido descrito como naturales y tradicionales. Los dos conceptos se usan indistintamente. Hemos justificado la esclavitud humana como la representación de una jerarquía natural de los esclavistas y los esclavos. Hemos justificado el sexismo como la representación de la superioridad natural de los hombres sobre las mujeres. Por otra parte, es un poco extraño describir nuestra mercantilización actual de los animales como algo natural. Hemos creado espacios y procedimientos agrarios antinaturales con el fin de maximizar los beneficios. Realizamos experimentos extraños en los que trasplantamos genes y órganos de animales a humanos y viceversa. Ahora estamos clonando animales. Nada de esto puede ser descrito como natural. Las etiquetas como “natural ” y “tradicional” son sólo eso: etiquetas. No son razones. Si alguien defiende la imposición de dolor y sufrimiento a un animal sobre la base de lo que es natural o tradicional, por lo general significa que no puede justificar de otra manera su conducta.

Una variante de esta pregunta se centra en las tradiciones de grupos específicos. Por ejemplo, en mayo de 1999, la tribu Makah, en el estado de Washington, mató a la primera ballena gris en más de setenta años. El asesinato, que se hizo con arpones de acero, armas antitanque, munición a prueba de acero, barcos motorizados de persecución, y una donación de $310,000 por parte del gobierno federal, se defendió con el argumento de que la caza de ballenas es una tradición Makah. Pero el mismo argumento podría utilizarse (y es utilizado) para defender la ablación genital en África y la quema de novias en la India. La cuestión no es si la conducta es parte de una cultura: toda conducta es parte de una cultura. La cuestión es si la conducta puede ser moralmente justificada.

Por último, hay quienes sostienen que, dado que los animales no humanos se alimentan de otros seres no humanos en la naturaleza, el uso de animales es natural. Hay cuatro respuestas a esta posición. En primer lugar, aunque algunos animales se comen unos a otros en la naturaleza, muchos no lo hacen. Muchos animales son vegetarianos. Por otra parte, existe mucha más cooperación en la naturaleza de la que nuestra noción de la “crueldad de la naturaleza” nos hace pensar.

En segundo lugar, la cuestión de si los animales se alimentan de otros animales no viene al caso. ¿Por qué es relevante que los animales se alimenten de otros animales? Algunos animales son carnívoros y no puede existir sin comer carne. Nosotros no pertenecemos a esa categoría, podemos vivir bien sin comer carne, y más y más personas están adoptando la posición de que nuestra salud y el medio ambiente se beneficiarían si dejásemos atrás el consumo de productos animales.

En tercer lugar, los animales hacen todo tipo de cosas que los humanos no consideran moralmente apropiado. Por ejemplo, los perros copulan y defecan en la calle. ¿Eso quiere decir que debemos seguir su ejemplo?

En cuarto lugar, es interesante que, cuando nos viene bien, tratamos de justificar nuestra explotación de los animales con nuestra supuesta “superioridad”. Y cuando nuestra supuesta “superioridad” se interpone en el camino de lo que queremos hacer, de repente nos describimos simplemente como otra especie de animal salvaje, con el mismo derecho que tienen los zorros a comerse las gallinas.

Pregunta 6: Si no explotásemos a los animales, nuestra sociedad no sería tal como es. ¿Este hecho no demuestra que el uso de animales por los seres humanos está moralmente justificado?

Respuesta: No. En primer lugar, la pregunta presupone que no habríamos ideado alternativas al uso de animales si fuera necesario, ya sea porque los animales no humanos no habrían estado disponibles o porque habríamos tomado la decisión moral de no explotarlos como recursos. En segundo lugar, incluso si fuera necesario el uso de animales para la sociedad, tal como la conocemos, el mismo argumento se aplicaría a cualquier actividad humana. Por ejemplo, sin guerras, patriarcado, y otras formas de violencia y explotación, no tendríamos la sociedad que tenemos. El hecho de que una determinada actividad sea un medio necesario para obtener lo que algunos consideran un fin deseable, no demuestra que los medios estén justificados moralmente. Hoy en día los estadounidenses no gozarían del nivel de prosperidad del que disfrutan de no ser por la esclavitud humana, pero eso no quiere decir que la esclavitud fuese una práctica moralmente aceptable. En tercer lugar, se podría argumentar que la sociedad de hoy en día, con su violencia, la contaminación, la distribución desigual de los recursos y diversas formas de injusticia, no es tan deseable como algunos piensan y que no deberíamos estar tan dispuestos a apoyar los medios que nos han llevado a donde estamos hoy.

Pregunta 7: Al igualar el especismo con el racismo y el sexismo, ¿no está equiparando los animales, las personas de color y las mujeres?

Respuesta: No. El racismo, el sexismo, el especismo, y otras formas de discriminación son todos análogos, en el sentido de todos comparten la idea errónea de que alguna característica moralmente irrelevante (la raza, el sexo, la especie) puede ser usada para excluir a estos individuos de la comunidad moral o infravalorar sus intereses, lo cual constituye una violación explícita del principio de igual consideración. Por ejemplo, el especismo y la esclavitud humana son similares, porque en ambos casos los animales y los seres humanos esclavizados tienen un interés básico en no ser tratados como objetos, y, sin embargo, son tratados como objetos, sobre la base de criterios moralmente irrelevantes. Negar este derecho básico a los animales simplemente porque son animales es como decir que no hay que abolir la esclavitud basada en la raza, debido a la percepción de inferioridad de la raza de los esclavos. El argumento utilizado para apoyar la esclavitud y el argumento utilizado para apoyar la explotación animal son estructuralmente similares: se excluye a ciertos individuos de la comunidad moral porque existe una supuesta diferencia entre “ellos” y ” nosotros” que no tiene nada que ver con la inclusión de estos seres en la comunidad moral. La posición de los derechos animales mantiene que si creemos que los animales tienen un valor moral, el principio de igual consideración requiere que dejemos de tratarlos como objetos.

Una cuestión que surge a menudo en este contexto es si el especismo es “tan malo” como el racismo o el sexismo y otras formas de discriminación. En términos generales, no es útil clasificar los males. ¿Fue “peor” el hecho de que Hitler matase judíos o católicos y gitanos? ¿Es la esclavitud “peor” que el genocidio? Es la esclavitud no racial “peor” que la esclavitud racial? ¿Es el sexismo “peor” que la esclavitud y el genocidio, o es “peor” que la esclavitud, pero no peor que el genocidio? Francamente, ni siquiera estoy seguro de lo que significan estas preguntas, pero sospecho que tienen que ver con una visión según la cual un grupo es “mejor” que otro. En cualquier caso, estas formas de discriminación son terribles, y son terribles de diferentes maneras. Pero todas comparten un elemento: tratan a los seres humanos como objetos, sin intereses que deben ser protegidos. En este sentido, todas estas formas de discriminación son similares al especismo, que lleva al tratamiento de los animales como objetos.

Por último, hay quienes sostienen que al decir que algunos animales tienen una mayor capacidad cognitiva que algunos seres humanos, como aquellos que sufren retraso mental grave o demencia, estamos equiparando a los seres humanos con los animales, de forma irrespetuosa. Una vez más, esta cuestión no es relevante en la defensa de los derechos animales. Durante siglos, hemos justificado nuestro trato de los animales como recursos, ya que supuestamente carecen de alguna característica que tenemos los humanos. Sin embargo, algunos animales tienen una característica “especial” en mayor grado que algunos de nosotros y algunos seres humanos no poseen esa característica en absoluto. La cuestión es que, aunque una característica en particular pueda ser útil para algunos propósitos, la única característica que se requiere para tener valor moral es la sintiencia. No tratamos y no debemos tratar a aquellos seres humanos que tengan carencias como meros recursos para otros seres humanos. Y si de verdad creemos que los animales poseen intereses moralmente válidos, entonces debemos aplicar el principio de igual consideración y no tratarlos como recursos tampoco. El argumento a favor de los derechos animales no disminuye el respeto por la vida humana, sino que aumenta el respeto por toda forma de vida.

Pregunta 8: Hitler era vegetariano, ¿qué dice eso acerca de los vegetarianos?

Respuesta: No dice nada más que algunas personas malas también pueden ser vegetarianas. La pregunta en sí se basa en un silogismo incorrecto: Hitler era vegetariano, Hitler era malo, por lo que los vegetarianos son malos. Stalin comía carne y no era precisamente un santo; fue responsable de la muerte de millones de personas inocentes. ¿Qué dice eso acerca de los consumidores de carne? Así como no podemos concluir que todos los consumidores de carne se asemejan a Stalin más allá de comer carne, no podemos concluir que todos los vegetarianos tienen algo en común con Hitler más allá del vegetarianismo. Por otra parte, no estamos seguros de que Hitler fuera verdaderamente vegetariano. Y en cualquier caso, el interés de los nazis en reducir el consumo de carne no tenía que ver con la condición moral de los animales. Reflejaba una preocupación por la salud, la ecología y el peligro que suponían los ingredientes artificiales en los productos alimenticios y farmacéuticos, nociones que se vinculan con los objetivos nazis de “higiene racial”.

Otra versión de esta pregunta tiene que ver con el interés de los nazis en los derechos animales. ¿Significa esto que los derechos de los animales como una teoría moral es inaceptable y sólo intenta devaluar a los seres humanos? Una vez más, la pregunta es absurda. En primer lugar, la cuestión se basa en un error objetivo. Los nazis no estaban a favor de los derechos animales. Las leyes de bienestar animal en Alemania restringían la vivisección hasta cierto grado, pero no reflejaban una preferencia social por la abolición de la condición como propiedad de los animales. No olvidemos que los nazis asesinaron tranquilamente a millones de seres humanos y animales durante la Segunda Guerra Mundial, y este comportamiento no es compatible con una posición a favor de los derechos humanos y no humanos. Es igual de incorrecto decir que los nazis apoyaron los derechos de los animales que decir que los estadounidenses apoyamos los derechos de los animales porque tenemos una Ley Federal de Protección de los Animales.

Pero ¿qué pasaría si, al contrario, los nazis hubiesen defendido la abolición de toda explotación animal? ¿Qué dice eso acerca de los derechos de los animales? La respuesta está clara: no dice nada acerca de si la posición de defensa de los animales está bien o mal. Esta cuestión puede ser resuelta sólo si los argumentos morales a favor de los derechos de los animales son válidos. Los nazis también favorecían el matrimonio. ¿Significa esto que el matrimonio es una institución inherentemente inmoral? Los nazis también creían que los deportes eran esenciales para el desarrollo del carácter. ¿Significa esto que los deportes competitivos son intrínsecamente inmorales? Jesús predicó a favor de compartir recursos de manera equitativa. Gandhi promovió un mensaje similar, y también lo hizo Stalin. Pero Stalin también devaluó los seres humanos. ¿Podemos concluir que la idea de una distribución más equitativa de los recursos tiene algún defecto moral, que contamina a Jesús o Gandhi? No, por supuesto que no. No devaluamos la vida humana por conceder importancia moral a los intereses animales, al igual que no devaluamos la vida de los seres humanos “normales” cuando otorgamos valor a ciertos seres humanos, como aquellos con retraso mental grave, y prohibimos que se utilicen en experimentos.

Pregunta 9: ¿Cómo determinamos quién puede tener derechos ? ¿Los insectos tienen derechos?

Respuesta: La clave está en la capacidad de sentir, ya que, como he argumentado, los seres sintientes tienen intereses y ésta es una condición necesaria y suficiente para ser miembro de la comunidad moral. ¿Son sintientes los insectos? ¿Son seres conscientes con mentes que experimentan dolor y placer? No lo sé. Pero el hecho de no saber exactamente dónde está el límite, o el hecho de que sea difícil marcar el límite, no me exime de la obligación de buscarlo ni me permite utilizar animales como me plazca. Aunque puede que no sepa si los insectos son sensibles, sí sé que las vacas, los cerdos, los pollos, los chimpancés, los caballos, los ciervos, los perros, los gatos y los ratones son sintientes. De hecho, está ampliamente aceptado que los peces también son sintientes. Así que el hecho de no saber dónde marcar la diferencia en lo que respecta a los insectos no me exime de mi obligación moral hacia los animales que sé que son sintientes.

En términos generales, esta pregunta pretende demostrar que si no sabemos dónde trazar la línea moral, o si nos resulta difícil trazarla, entonces no debemos trazarla en ninguna parte. Esta forma de razonamiento no es válida. Consideremos el siguiente ejemplo. Hay una gran cantidad de desacuerdo sobre el alcance y la extensión de los derechos humanos. Algunas personas argumentan que la atención sanitaria y la educación son derechos fundamentales que un gobierno civilizado debería proporcionar a todos, y otras personas argumentan que la atención sanitaria y la educación son mercancías como cualquier otra, no derechos, y que la gente debería pagar por ellas. Pero sospecho que todos estamos de acuerdo –por mucho que nos cueste saber dónde trazar la línea – en lo que respecta a cuestiones como el genocidio, que todos consideramos como moralmente incorrecto. No decimos que es moralmente aceptable matar a toda una población porque estamos en desacuerdo sobre si los seres humanos tienen derecho o no a la asistencia sanitaria. Del mismo modo, nuestra incertidumbre o desacuerdo con respecto a la sintiencia de las hormigas no nos da permiso a ignorar los intereses de los chimpancés, las vacas, los cerdos, los pollos y otros animales que sí sabemos que son sintientes.

Pregunta 10: ¿Los seres humanos no sintientes, como los que sufren muerte cerebral irreversible, tienen derecho a no ser tratados como objetos?

Respuesta: Si un ser humano no es sintiente, y no está consciente a ningún nivel, ni va a recuperar la consciencia, entontes, por definición, este ser humano no puede tener interés en no sufrir (ni en cualquier otra cosa). En tal situación, un argumento convincente podría ser que es moralmente aceptable el uso de los órganos de este ser humano para salvar a otros – y ésta es una práctica común si el humano ha acordado previamente donar sus órganos o si la familia da su consentimiento.

Debemos, por supuesto, estar preocupados acerca de si un ser humano con muerte cerebral realmente carece de toda actividad cognitiva. Debemos también tener empatía con los parientes del paciente, que pueden oponerse al uso instrumental del paciente por diversas razones, como la oposición al trasplante de órganos por motivos religiosos. Pero los seres humanos que están verdaderamente en un estado irreversible de muerte cerebral no se diferencian realmente de las plantas: están vivos, pero no son conscientes y no tienen intereses que debamos proteger. Otorgar a estas personas el derecho básico a no ser tratados como recursos no tiene sentido.